Claves del eCommerce

¿Cómo debe ser el diseño de mi producto?

 

Crear tu plataforma de eCommerce no es suficiente para obtener resultados: debes ser muy minucioso con el producto o servicio que estás ofertando. Como verás más adelante, el diseño de tu producto o servicio es la clave principal del éxito para tu plataforma de comercio electrónico. A continuación te contamos cómo recorrer ese camino.

 

 

 

Claves del comercio electrónico

I: El diseño del producto

 

El diseño del producto es la clave principal del éxito de tu plataforma de comercio electrónico. Piénsate que, hoy en día, los productos se exportan a bajos costos, lo que tiene mucho que ver con el ascenso de economías que hasta aquí eran emergentes (como las de China, India y algunas naciones latinoamericanas, por ejemplo). El descenso del coste del transporte internacional es una de las claves que está haciendo que muchas compañías y muchos negocios sufran la competencia de estos productores especializados en precios bajos.

1.1.- ¡No compitas en precios!

Competir en precios es siempre la peor elección para el comerciante. Mucho más si te animas a emprender online por primera vez. Resulta un suicidio mercadológico dado que siempre estarás compitiendo con otros negocios y compañías que tengan acceso a una mano de obra más económica que tú, en donde las normativas y las regulaciones no encarezcan tanto el precio final de los productos. Así, el diseño del producto se torna la clave capital a la hora de poder diferenciarnos — positivamente — de la competencia. un peso clave para poder diferenciarnos.

1.2.- Elige bien el mercado

No importa cuáles sean tus estrategias respecto al diseño de producto y al establecimiento de su precio si no tienes bien definido cuál va a ser tu mercado objetivo. Ya dispongas para tu producto una estrategia basada en sus características excepcionales o en su excepcional precio, el paso más fundamental que has de tener en cuenta antes de sentarte a edificar tu plataforma de comercio electrónico es la identificación de tus mercados y, dentro de ellos, la identificación de los diferentes segmentos en los que tus mercados están divididos. Por ejemplo, tu mercado podrían ser los deportistas; ahora bien, ¿has pensado si deberías enfocarte en los aficionados al deporte, los deportistas profesionales o los deportistas extremos? Cuánto más pequeños sean tus segmentos de mercado más probable es que puedas diseñar un producto que concierna, afecte e influya positivamente a un determinado segmento de la audiencia — e incluso, más allá, podrás definir las estrategias más concretas y efectivas para llegar a dichos públicos.

1.3.- El equilibrio

Se suele decir que todo en exceso es malo. Hasta el agua puede hacernos pasar un mal rato si abusamos desmedidamente de ella. Por tanto, la búsqueda del equilibrio a la hora de diseñar un producto es también capital. El diseño de un producto aunará diferentes líneas de pensamiento que, quizás, quieran destacar las unas sobre las otras — o quizás tú quieras hacer destacar algunas de ellas porque son las áreas en las que más conocimientos tienes, por ejemplo. Pero no, la idea, precisamente, no es que ninguna de esas líneas destaque sobre ninguna otra. En su lugar, un perfecto equilibrio entre todas ellas garantizará un producto radicalmente más efectivo. Has de pensar en los costos de tu producto, en qué tipo de tecnología ha de respaldarlo, en cuál será su estética y su funcionalidad, cómo satisfará exactamente qué necesidades o deseos de qué segmentos de qué mercados objetivo… El premio al buen desarrollo de un producto no se lo lleva sino quien es capaz de ensamblar un producto mirándolo desde todas las perspectivas posibles. Tantas como podamos ser capaces de imaginar.

1.4.- Diferenciación.

Piénsalo fríamente: si vas a ofrecer un producto que en nada se diferencia de otro ya existente en el mercado, ¿por qué habría de comprar el tuyo y no ese otro? Cuando se desarrolla un producto, hay que hacerlo teniendo siempre en cuenta la diferenciación respecto a cualesquiera otros productos. ¿Qué es lo que hace a mi producto diferente? ¿Precios especiales? ¿Cubre un deseo o necesidad que hasta la fecha se ha pasado por alto? ¿Atiende a un segmento de consumidores que estaba hasta aquí desatendido? ¿Su estética es extraordinaria? ¿Ofrece algún tipo de valor simbólico extra? ¿Va acompañado de algún tipo de valor agregado? ¿Tiene más funcionalidades de las que parece tener a simple vista? Y, por supuesto, la pregunta definitiva: ¿en qué se diferencia de productos similares ofrecidos por la competencia?

Como podemos observar, se trata de racionalizar el proceso productivo hasta límites insospechados. Cuanto más se racionalice este proceso, mayor profundidad podremos darle al diseño y al desarrollo de nuestro producto. Racionalizar, de hecho, en el diseño y el desarrollo de un producto es, de hecho, la mejor estrategia para no tener que acabar convirtiendo la estrategia de bajada de precios en nuestra estrategia principal. Pensemos, por ejemplo, en Apple. Hacen ordenadores. Ordenadores que, a fin de cuentas, sirven para hacer casi la amplia totalidad de tareas que se pueden hacer con cualesquiera otros tipos de ordenadores. Y, de hecho, son bastante caros. Apple nunca ha caído en la «batalla de los precios» para conseguir más ventas de sus productos. En su lugar, Apple siempre se ha caracterizado por un increíble — aunque a veces no tan racional — proceso de diseño y desarrollo de sus productos, lo que le hace ver a ojos de sus consumidores como un exponente informático sin alternativas posibles ni competencia que pueda llegarle a la suela del zapato.